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| Viento, rayos y nieve (parte 1) | |
Esta leyenda me la contó mi fallecido bisabuelo en los últimos días antes de morir. Yo tendría unos 8 o 9 años. Era una noche muy fría, y solo el calor de una chimenea daba cobijo a toda la familia que yacía en aquella sala. Si no recuerdo mal, eran las 9 de la noche cuando empezó todo. Yo estaba sentado en una silla pequeña que ya tenia sus años, cuando de repente empezó a nevar. Era raro que nevase en mi pequeño pueblo, pero esto no me extraño. A los pocos minutos, la nevada comenzó a coger fuerza y a blanquear todas las calles. Poco después, mi madre saco la cena y empezamos a comer cuando, tocaron a la puerta. Me quede un poco extrañado, ¿quien sale de su casa en pleno invierno con tanto frió y una nevada inusual? Mi abuelo, sin pensárselo 2 veces, se levantó y abrió la puerta. Quede con algunas dudas durante un instante hasta que volvió mi abuelo diciendo que había sido el viento. En ese instante, mi bisabuelo sonreía. Me entraron ganas de preguntarle por qué lo hacia... pero no dije nada. La cena fue tranquila y sin percances, pero yo seguía pensando en la cara que puso mi bisabuelo cuando sonó la puerta.
Al acabar la cena, mi madre recogió todo y nos dijo que nos fueramos a dormir a mis hermanos y a mi. Mis hermanos fueron sin rechistar a la cama, pero a mi me seguía intrigando la tormenta de nieve y quería quedarme un poco mas, sin necesidad de hacer mención al gesto de mi anciano bisabuelo, así que pedí a mi madre que me dejase un ratito. Ésta me miro con el ceño fruncido, pero mi bisabuelo dijo que daba igual, que me podía quedar un rato más. Mi madre se fue a la cocina diciendo algo q mi oído no logro entender, pero a mi me daba igual... había conseguido mi propósito.
Recordando el momento de la cena, decidí preguntarle a mi amado bisabuelo el por qué de sonreir durante la cena, pero se me adelantó. Recuerdo muy bien sus palabras. “No es necesario que me lo preguntes chico, ya se que quieres que te diga porqué sonreía durante la cena. Hay que decir que eres muy observador Tuju”. Yo me quede perplejo, pero le sonreí. Le pregunté rápidamente como sabía que se lo iba preguntar, y su contestación fue algo inusual pero convincente: “Me he dado cuenta de que me observabas de reojo durante la cena, y se perfectamente que ha sido por mi sonrisa”.
Nos quedamos unos segundos en silencio y me decidí a preguntárselo. Fue directa y sin rodeos, no quería esperar mas, quería saber el porque de su misteriosa sonrisa.
Entonces fue cuando me lo contó todo. Mi bisabuelo se encendió la pipa que usaba para fumar. Conocía muy bien aquella acción. Siempre lo hacia cuando iba a contarnos algo a mis hermanos y a mi.
La espera fue breve, y empezó algo así:
Si... lo recuerdo... era una noche tan fría como esta. Yo aun era joven, más o menos de tu edad. Yo miraba por la ventana, quería ver caer la nieve, aunque me daba bastante miedo el viento que sonaba fuerte contra la puerta principal de casa, que se encontraba en el piso de abajo. Al rato mi padre se acercó a mí para darme un beso de buenas noches y arroparme bien. Yo intentaba dormir, pero la inquietud de la nieve y el ruido que hacia el viento contra la puerta, me lo impedían. Cada vez que el viento soplaba con fuerza, parecía que llamaran a la puerta. Ésta sonó reiteradas veces, pero nunca era nadie. Al final mis padres y mi abuelo se fueron a dormir y la puerta volvió a sonar, pero esta vez, mas fuerte que nunca. Tenía la impresión de que solo la había oído yo, así que pensé que era el viento. Pero esta volvió a sonar otra vez y otra, así que decidí ir yo mismo a abrirla. Si sonaba tanto y tan fuerte era imposible que fuese el viento.
Baje las escalerillas que llevaban al piso de abajo y me propuse ha abrir la puerta, pero... algo extraño paso. Cuando estaba a punto de tocar el pomo, un escalofrío recorrió todo el cuerpo dejándome completamente paralizado... tenia una mala sensación. De repente la puerta se abrió de par en par. Me quedé frente a ella viendo toda la nieve que caía, los rayos que resonaban a lo lejos y el fuerte viento que entraba en al casa.
Al principio no me percate... pero luego me di cuenta que a lo lejos de la calle se podía divisar algo. Estuve un tiempo viéndolo, notaba que se movía, y que se dirigía lentamente hacia a la casa.
Yo seguía sin moverme, mirando aquella cosa que venía lentamente hacia mi, sin siquiera mover un simple músculo, no hacer nada. Cuando estuvo lo suficientemente cerca me percaté de que aquella cosa era una persona, y seguía camino de mi casa. Llego a mi puerta y se quedo mirando mis ojos a solo unos centímetros de mí... ¡Era hermosísima! Una mujer de ventipocos años protegida tan solo por una simple sabana, pelo castaño, y bastante bien dotada. Era tan bella que daba la sensación de que estaba hecha de cristal. Que de por tocarla se iba a romper como tal.
No lo pensé ni 2 veces y le ofrecí cobijo, ella entró en la casa y la puerta se cerró por arte de magia. Como ví que tiritaba cogí la manta que había tendida encima de la estufa y se la di para que entrara en calor y al menos que dejase de temblar. Pasé unos minutos contemplándola, sin nada que decirle, solo la miraba. Notaba como si algo me atrajese a ella de forma mágica, como si tuviese un campo de atracción del cual no se podía escapar. Como fuego al que arrimarse en los inviernos fríos.
Después de un buen rato, la mujer parecía ya bastante recuperada y me entró el gusanillo de preguntarle algo, así que tragué saliva y me decidí a hacerle un par de cuestiones. La primera era obligada, ¿quien era? y ¿qué hacía a aquellas horas de la noche en medio de la calle tirada?. La bella dama no me dio respuesta alguna, así que pensé que seria alguna extranjera de los lejanos desiertos o de las altas montañas. En esos tiempos muchos viajeros de lejanos lugares rondaban frecuentemente estos terrenos en busca de grandes tesoros y fama que les proporcionaba aniquilar diversos monstruos que a la gente de las cercanías les daba tanto miedo.
De nuevo el silencio… me sentía incómodo de ese modo, así que prepare algo de té. Ahí fue donde me di cuenta de todo. Cuando ya tenía todo preparado para hacer el te, me di cuenta de que no había fuego… así que tendría que poner a rascar dos ramas o picar 2 piedras. Pero mi familia dormía, y no quería que supieran nada de aquello.
Mientras yo debatía la forma de hacer fuego, la joven se levantó, se fue hacia el montoncillo de paja donde pretendía hacer el fuego y tan solo de una mirada todo ello se quemó.
Me quede atónito… aquello era imposible… de una simple mirada había hecho arder la paja.
Mi corazón latía muy rápido, la mujer se dirigió a mí y me sonrió. Sentí que el corazón me iba a estallar, no podía más. Si había hecho arder la paja de una sola mirada, seguro que conmigo haría lo mismo. Notaba que mi muerte se acercaba y no iba a poder hacer nada. Intenté gritar para avisar a mis padres, pero la voz no salía. Acobardado cerré los ojos para no ver aquella escena y….
Me quede mirando a mi bisabuelo, su cara estaba muy oscura y seria. Pero en ese mismo instante llegó mi madre para que me fuese a la cama. Intenté replicarle para que me dejase 2 minutos más, pero nada pude hacer. Fui directo a mi habitación y al momento subió mi madre, me dio un beso en al frente y me arropó.
© Tujuru
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