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| La identidad de la dama (parte 3) | |
Y ahí estábamos, como en la noche anterior. Todos reunidos en una sala cenando. Pero esta vez, totalmente diferente. El ambiente era mucho más frío, y no por el tiempo, sino porque nadie hablaba. Nadie dirigía la palabra, todos callados. Ni siquiera mi madre reñía a mis pequeños hermanos Gurantao y Xusi, que no paraban de jugar con la comida y hacer pequeñas travesuras con ella.
Intenté terminar mi plato de sopa lo antes posible, tanta duda me estaba devorando los sesos. Seguía sin comprender el por qué de la situación, y la única manera de saberlo era que mi bisabuelo me contara el fin de su historia. Algo me decía que estaba relacionado con la forma de actuar de toda mi familia, y pronto lo iba a comprobar.
Al fin terminamos todos de cenar. Ayudé a mi madre a recoger la mesa, para así ganar algo más de tiempo. Tenía muy claras cuales iban a ser mis palabras a mi bisabuelo. Quería saber el fin de la historia cuanto antes. Dejé todo en la cocina y me dirigí al salón donde mi bisabuelo esperaba. Sabía demasiado bien lo que yo quería, y me estaba esperando sentado en la silla. Me dirigí a él y le dije: “¿Puedes enseñarme de nuevo el cuadro?”. Mi abuelo sonrió. Era la primera vez que lo veía sonreír en todo el día. Esto me hizo relajarme un poco. Se levantó de la silla y fuimos de nuevo al desván. Esta vez no hizo falta rebuscar para encontrar el viejo cuadro. Lo sacamos del desván y nos sentamos cerca de la chimenea. Le ofrecí mis manos para que me lo dejara y así observarlo mejor. Cogí un pequeño pañuelo que llevaba en el bolsillo derecho del pantalón y se lo pasé pro encima. La mugre de polvo era notable y yo quería ver todo lo mejor posible ese cuadro.
No se quién pinto ese cuadro, pero plasmó a la perfección aquello que quería mostrar. Mire poco a poco cada parte de éste, cada detalle. No me quería perder nada. Miré a mi bisabuelo y me dispuse ha hablar. Llevaba toda la cena pensando esta pregunta tan simple, y al fin se la iba a formular. “¿Qué tiene que ver este cuadro con vuestra manera de actuar hoy?”. No quería perder el tiempo de nuevo manteniendo dudas en mi interior, por eso no esperé, y antes que me pudiese contestar, le pregunté de nuevo. “¿Está relacionada con la historia de ayer noche, verdad?”. El anciano se quedo mirándome un poco extrañado, pero contestó sin hacerme esperar demasiado. “Tuju, quieres saber demasiado, y eso te honra. La sabiduría es un don, pero esta lleva tiempo y esfuerzo, sabes a lo que me refiero, ¿verdad?”. Mire con una sonrisa a mi bisabuelo y le contesté claramente. “Si. Pero no soporto más este sentimiento de dudas y sufrimiento en mi interior.” Es verdad que me estaba precipitando un poco con aquellas preguntas. Antes necesitaba saber como termina la historia. Pero no aguantaba. Necesitaba saber la verdad. Dejé clavada la mirada a mi bisabuelo y le dije: “Necesito que me cuentes todo, y si hace falta, me mantendré toda la noche despierto hasta que termines”.
Y de nuevo hizo un acto muy conocido por mí. Se levantó de la silla, cogió su pipa de fumar y la encendió. Yo mientras me acomodé lo mejor posible y me dispuse a escuchar todo.
Por donde me quedé… A sí.
Mientras yo debatía la forma de hacer fuego, la joven se levantó, se fue hacia el montoncillo de paja que pretendía hacer arder y tan solo de una mirada todo ello se quemó.
Me quede atónito… aquello era imposible… de una simple mirada había hecho arder la paja.
Mi corazón latía muy rápido, la mujer se dirigió a mí y me sonrió. Sentí que el corazón me iba a estallar, no podía más. Si había hecho arder la paja de una sola mirada, seguro que conmigo haría lo mismo. Notaba que mi muerte se acercaba y no iba a poder hacer nada. Intenté gritar para avisar a mis padres, pero la voz no salía. Acobardado cerré los ojos para no ver aquella escena y…
Pero no ocurrió nada. Al darme cuenta de que pasaba el tiempo y no notaba actuación ninguna por parte de la mujer, decidí abrir los ojos pero allí no había nada, tan solo oscuridad.
Asustado y aun con el corazón en un puño, mire por toda la sala, pero estaba vacía. Tal vez se escondió en otra parte de la casa porque escuché algo. Miré en al cocina y en el baño. También vacíos. Con el latir de mi corazón tan rápido y el miedo a lo que pudiese ocurrir, decidí volver a mi cama e intentar olvidar todo aquello. Pero justo antes de subir el primer escalón, me di cuenta de que hacia algo más de frío. Me quedé parado. Miré lentamente a hacia la derecha, dirección a la entrada principal y me di cuenta de que la pureta estaba abierta. De nuevo un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. No sabia que hacer. Intentando desafiar mis miedos, o tal vez convencerme a mi mismo de que era un sueño y que aquello no había pasado, me dirigí a la puerta con paso firme. Cada paso que daba hacia ésta, mi confianza iba menguando. Tardé unos minutos en llegar, aunque esta estaba bastante cerca. Cogí el pomo con decisión de cerrarla, pero me quede totalmente parado. Ahí estaba ella. En el centro de la plaza mirándome. Volví a quedar paralizado. La dama se quito quitó la sabana con la que se protegía la cabeza de la nieve y hizo desplegar su larga y preciosa cabellera. De nuevo esa sensación de atracción se notó en mi interior. Sin la sabana todavía era más hermosa. Tal vez confundí los gestos y solo quería ayudarme. Y el poder hacer fuego debía ser un don, no tenia el por qué de discriminarla por ello.
Pero todo ese pensamiento desapareció en cuestión de segundos. Se quedó mirándome unos instantes y luego en su rostro surgió una sonrisa. Levantó el brazo derecho, abrió la mano y de ella salió una bola de fuego. No entendía que pretendía hacer hasta que lo vi con mis propios ojos. Se quedó mirando hacia una casa y la bola de fuego se dirigió hacia ella. Seguí con la mirada la bola hasta que llegó dentro de la casa. Aguardé unos segundos, haber que pasaba. Y de pronto, un ruido ensordecedor proveniente de la casa resonó en todas direcciones. Como si esa bola hubiese estallado provocando una impresionante explosión. La mujer rompió a reír. Yo seguía en la puerta de mi casa observándola sin hacer nada. La preciosa damisela levanto ambos brazos. Dijo algo que no logré entender y miles de bolas de fuego como la anterior surgieron de la nada.
Al ver el poder de una única bola, no me pude quedar parado. Entré en la casa todo lo rápido que pude y desperté a todos. Mi padre se asomó por la ventana y vio sorprendido todo aquello. Me agarró de la cintura y nos dispusimos a abandonar la casa. Nos seguían de cerca la abuela y mi madre. Cuando salimos fuera observé que todas las casas estaban prendidas en llamas y que la misteriosa mujer seguía plantada en medio de la plaza riéndose a carcajadas. Toda la gente huía de sus viviendas, dejando atrás todo. Sin todavía entender porque lo hice, porque di cobijo a aquella dama, porque la salvé del frío… Me quede mirando a mi familia y empecé a llorar. Todo aquello era culpa mía, y lo iban a sufrir todos. Me desplome en el suelo y lloré como nunca.
A la mañana siguiente, nos decidimos a volver al pequeño pueblo. Este estaba totalmente calcinado. No quedaba nada en pie. Lo que había sido la iglesia, el corral, la casa del herrero… todo eran cenizas. Viendo todo aquello, me di cuenta de que había desatado un odioso monstruo. Cabizbajo me dirigí hacia la plaza central. Justo donde se encontraba la portentosa dama, descubrí una cosa. Toda la plaza vestía un color negro, como si estuviese de luto. Toda excepto un trozo. Un círculo de poca grandaria había salvado el poder de las llamas. Había escrito algo en el centro. Agudice la vista y vi 2 letras “DV”. Llamé a mi padre corriendo. Este vino con cara abatida, pero no se hizo esperar. Miro el círculo del suelo y leyó las dos letras. Sus ojos se llenaron de lágrimas. No entendí porqué, hasta que pronunció con voz clara y rotunda: “Devil Valkyrie”.
Mis ojos estaban abiertos, tanto que se podían ver perfectamente a unas leguas de distancia. No dije palabra alguna. En mi cabeza resonaba “DevilValkyrie”. Otras muchas preguntas llegaron a mi cabeza pero no era el momento de preguntar. Mi bisabuelo solo había hecho un alto en la narración para poner más tabaco en la pipa, pero si… iba a seguir contando algo...
© Tujuru
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