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| Trunxsnot. El Lamento del Guerrero | |
Llego un día después de la peor tormenta de arena que se recuerda en la provincia de Numa. Que era un guerrero saltaba a la vista, aunque no hubiera llevado aquella armadura y la enorme slayer a la espalda se notaba que era un guerrero, tenia el cuerpo musculado y lleno de cicatrices de quien ha pasado toda su vida luchando, así,de aquella manera, a lomos de un brioso corcel negro, simplemente, llego un día.
Era un hombre de mirada franca, parco en palabras, tan solo hablaba cuando era necesario, jamás desperdiciaba el aliento en palabrería vana, en poco tiempo se hizo un lugar en nuestro clan, y por que no decirlo, también en nuestros corazones, era el perfecto camarada, cada vez que te veías en problemas, allí estaba el para ayudar en lo que fuera preciso, apenas habían pasado unas semanas desde su llegada y ya era uno mas de nosotros, incluso formaba parte de la Elite de guerreros del clan, había demostrado en los juegos de combate que realizábamos a veces para entrenarnos que era uno de los mejores luchadores que había entre nosotros.
Lo que mas me llamo siempre la atención sobre el, era su rostro, había algo extraño en el, su piel curtida por el aire del desierto le daba un aspecto atemporal, jamás conseguimos sonsacarle la edad que tenia, cada vez que le preguntábamos al respecto sonreía enigmáticamente.
Un día decidimos hacer una incursión al desierto de Numa, las ultimas adquisiciones de equipo y armamento del clan habían dejado vacías nuestras arcas y necesitábamos algo de oro, les robaríamos a los Zuma y de paso entrenaríamos un poco ya que hacia semanas que no entrábamos en combate real.
Cuando se lo dijimos a el una ligera sonrisa asomo a sus labios mientras que su mirada se perdía en el horizonte, lo que me llamo la atención no fue la sonrisa, sino el brillo acerado que desprendían sus ojos…. y la tristeza que dejaban entrever.
Pasamos por el pueblo que hay en los limites del desierto para abastecernos antes de entrar en el, allí ocurrió algo muy extraño, estábamos rellenando nuestros odres de agua en el pozo cuando de repente una anciana se acerco a nuestro grupo, su cara reflejaba al tiempo una gran sorpresa y una tremenda alegría, antes de que tuviésemos tiempo de reaccionar la mujer se postro de rodillas ante Trunxsnot mientras decía:
-Mi señor, sois vos, habéis regresado, todo volverá a ser como antes de la guerra.
Antaño aquel miserable pueblo al borde del desierto había sido una prospera ciudad pero la larga guerra contra los Zuma lo habían convertido apenas en un poblacho.
El bajo de su caballo y le dijo a la anciana:
-Debes confundirme con alguien buena mujer, reposa a la sombra que el sol a esta hora puede dañar en exceso a alguien de tu avanzada edad.
La acompaño a la sombra de una choza y le dijo algo en voz baja que solo yo puede oír y que me dejo perplejo, lo que le dijo fue:
-No te preocupes chiquilla, todo va a salir bien.
La anciana quedo allí, llorando de alegría.
A los pocos días de cabalgar por el desierto dimos con un campamento de salvajes Zuma, esta es de entre las cuatro razas creadas por el maligno la que mas odiamos los humanos, contra ella se libro la mas terrible guerra de la era del hombre.
Los Zuma no son criaturas excesivamente fuertes, lo que les hizo peligrosos en su día fue su gran numero, ahora reducido drásticamente tras su derrota en la batalla final con el hombre. Atacamos con intención de aniquilar a aquellas detestables criaturas, en un momento del combate mire a Trunxsnot y vi en su rostro mas ira de la que nunca volveré a ver en ningún ser humano, destrozaba con golpes de espada a todos los Zuma que se ponían a su alcance, estaba como en trance, pero lo mas curioso es que a pesar de que su cara era una mascara de furia e ira, lloraba, si las lagrimas corrían por su rostro a cada golpe que daba.
Era algo extraño era como si aquella lucha le llenase de ira y dolor, de furia y tristeza al tiempo, cuando acabo la lucha a nuestros pies había decenas de cadáveres, cargamos los tesoros en nuestras monturas y nos alejamos de allí con intención de montar un campamento en el que pasar la noche antes de regresar, montamos turnos de guardia, en el desierto nunca sabes con que peligro te puedes topar, a mi me toco el mejor, el ultimo, tuve suerte.
Me despertaron de un puntapié en las costillas, era mi turno, me levante, tome un poco de café del fuego que mis compañeros habían preparado para pasar la noche y me dispuse a vigilar el desierto con el arma en mi regazo como era mi costumbre.
A los pocos minutos, un sonido reclamo mi atención, no provenía del desierto si no del campamento a mis espaldas, me di la vuelta y observe como Trunxsnot preparaba a su montura para marcharse, no dije nada, siempre había sospechado que algún día se marcharía del mismo modo en que había llegado, silenciosamente.
Me miro y me dijo adiós con la mirada, yo le salude con la mano y el monto en su caballo y se fue, nunca mas le volví a ver.
Cuando al despuntar el día mis compañeros se levantaron preguntaron por el, solo podía decirles que se había marchado, eso hice, al interrogarme sobre la dirección que había tomado caí en la cuenta de que había ido en dirección al interior de aquel infierno de desierto, mire a lo lejos, observe algo y le dije a mis compañeros:
-Daros prisa, tenemos que marcharnos ya, una gran tormenta se esta formando.
Recogimos a toda prisa y nos fuimos, eché un vistazo hacia atrás y me dije a mi mismo que aun me quedaba algo por hacer allí.
Regrese al poblado de Numa Province a las dos semanas del día que pasamos por allí por primera vez. Fui directamente a buscar a aquella anciana seguro de que podria decirme algo interesante sobre mi desaparecido compañero, lamentablemente me dijeron que había muerto poco tiempo después de nuestra partida, me disponia ya a marcharme cuando su hija, una mujer también de avanzada edad me pidió que entrara en su casa, fue allí donde me contó una historia que hasta hoy no había narrado a nadie.
En los tiempos de la guerra contra la raza Zuma, un señor de guerreros destaco por su fuerza y ferocidad en la batalla, aquel guerrero un día dirigió a su ejercito hasta el mismo corazón del desierto para allí enfrentarse a los Zuma, en plena batalla, una fuerte tormenta de arena se desato de repente y cuando esta amaino el guerrero se encontró solo, rodeado de centenares de cadáveres tanto de Zuma como de los que habían sido sus hombres, el señor de la guerra casi enloquecido ante esa terrible visión y en su delirio oso maldecir a los dioses, estos ofendidos ante la insolencia de aquel mísero mortal le maldijeron a su vez, esta fue la maldición:
-Vagaras por este desierto, lucharas día a día durante toda tu existencia,
existencia que desde hoy te condenamos a que sea eterna.
Cuando el guerrero recupero la cordura y se dio cuenta de lo que había ocurrido intento darse muerte a si mismo arrojándose sobre su espada, pero tantas veces como moría volvía a levantarse, imploro a los dioses su perdón gritándoles su arrepentimiento y reclamándoles el derecho a morir que estos le habían negado, tanto lloro que al final uno de los dioses se compadeció de el y le hablo de este modo:
-Pobre mortal, terrible es el castigo que se te ha impuesto y yo no puedo
evitarlo, te voy a conceder una mínima gracia, eso si esta en mi mano, cada
cierto tiempo una gran tormenta de arena azota el desierto, ya que esta es
en gran medida la causante de tu mal, cada vez que se alce de nuevo te será
concedido un breve descanso y podrás gozar de la compañía de otros
mortales, pero ten en cuenta que con la siguiente tormenta deberás volver
a este desierto a seguir combatiendo eternamente, tal es tu destino ahora y
por siempre.
Aquella mujer me dijo que su abuelo había sido un gran pintor y que poco antes de la partida de aquel ejercito había dibujado un retrato de su señor, espere un instante mientras la mujer buscaba el retrato para mostrármelo, aunque yo ya sabia lo que iba a ver en el, al verlo mis sospechas se confirmaron, el artista había sabido plasmar fielmente cada uno de sus rasgos y no dejaba lugar a dudas, era el, Trunxsnot.
Ahora me lo imagino en el desierto, luchando incansablemente, con lágrimas de tristeza resbalando por su furioso rostro, y mirando al cielo me pregunto cuando llegara la próxima tormenta. Aquella que le concederá al que me atrevo a llamar amigo un breve descanso en su terrible existencia, un momento de paz en una eternidad de guerra continua.
Espero que llegue pronto por que el se lo merece, espero que se forme la tormenta por que el, viaja con la tormenta.
© Wongfey
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