Recuerdo..Recuerdo los largos viajes en el carruaje de mis padres, recuerdo los corceles castaños, con la crin especialmente cuidada, adornada con esos lazos naranjas y rosas que tan pacientemente fabricaba mi hermana pequeña. Mi hermana.. la recuerdo a ella también, como cada mañana imploraba un rezo a los dioses del abismo, pidiendo que la paz reinase en el mundo. Era un rito que mi madre le había inculcado desde muy pequeña. En cambio a mi hermano y a mí no nos interesaba demasiado el culto a los dioses. Como me arrepiento ahora de no interesarme por aquello.. .
Debería repasar mi vida, debería encontrar algo por lo que mereciese la pena luchar.
La historia de mi familia comenzó en las penumbras de OldCave que en aquellos tiempos estaba controlada por hombres malvados y codiciosos, los cuales esclavizaban a todo el que no hubiese nacido en Serpent y osara adentrarse en sus bosques. Mis padres formaban parte de aquellos esclavos, les hacían picar día y noche en las minas, y apenas comían un trozo de pan, pero mis padres también formaban parte de un pequeño grupo de rebeldes que tramaban un plan con el cual deshacerse de sus “amos”. A los tres meses de estar allí esclavizados mi madre concebió un hijo, mi hermano Tom, faltaban tan solo unos días para que el grupo de rebeldes iniciase la revuelta, por lo tanto de forma unánime todos los miembros decidieron que mis padres junto a su hijo recién nacido debían marcharse, por temor a dificultar los planes, y arriesgar la vida del pequeño. Cuando mis padres hubieron recorrido la mitad de un camino que les llevaba lejos de Serpent divisaron a unos cuantos metros una sombra, no distinguían si se trataba de un animal o de un hombre o de cualquier otra cosa, por lo tanto decidieron esconderse tras una enorme piedra. Cuando aquella cosa de altura desmesurada, barba densa y pelo largo pasó por su lado, creyeron estar viendo un monstruo salido del mismísimo infierno, de repente agarró la enorme espada que llevaba colgada de un cinturón, y echando atrás la capa al mismo tiempo que se giraba, clavó su mirada en la de mi padre, que se quedó inmóvil, sin saber que hacer.
-¡¡¡Serpent!!! -, gritó aquel ser, con una voz tan ronca que se parecía más al rugido de un león.
Mi padre supo enseguida lo que el guerrero quería, quería que le dijera donde estaba Serpent, en qué dirección debía caminar para llegar hasta el poblado. Mi padre dudó si decírselo, temía por la vida de sus compañeros que ahora mismo estarían en plena lucha contra los que habían sido sus amos, pero a la vez temía por la vida de su mujer, de su hijo y de la suya misma. En un acto de desesperación mi padre señaló camino abajo, y agachó la cabeza temiendo la respuesta del guerrero. Cuando volvió a alzar la vista el desconocido ya no estaba, nunca me dijo porque, pero mi padre supo que todos los que permaneciesen en la aldea cuando el hombre llegase serían aniquilados, culpables e inocentes, mujeres, niños, animales, todos. Mis padres acordáron no decir nada a nadie sobre el hombre que vieron, aún cuando les comunicaron que la aldea de Serpent Valley había sido arrasada por completo, seguidamente en todos los puestos de información de todos los poblados del mundo, aparecía la noticia sorpresa, varios exploradores aseguraban que OldCave no había quedado impune, y ahora en ella habitaban cadáveres que salían del suelo, y atacaban a todo el que penetraba en la cueva. Pero el tiempo pasó..
Mis padres se habían instalado en Skeleton, ciudad a la que muchos guerreros y taoistas acudían para combatir a los Minotauros, que eran una mezcla entre toros y humanos, con cuerpo de animal, pero andares de humano. Mi madre tuvo dos hijos más, el segundo era yo, la tercera fue mi hermana Rosa. Vivíamos apaciblemente, eran buenos tiempos, sin guerras, sin conflictos, tiempos en los que la única norma era la convivencia. Mi madre montó un servicio de almacenamiento en nuestra aldea, viajábamos mucho, para hacer encargos a muchas personas, para transportar cosas entre la red de almacenamiento que existía, conocimos muchas ciudades de las que jamás habíamos oído hablar, Woomyon, Ginko Tree Valley, el terreno arenoso de Mongchon, pero ninguna me impactó tanto como la llamada Bichon, era una ciudad inmensa, una ciudad tan bien estructurada que daba gusto verla, con una calle ancha y larga por la que circulaban inmensidad de personajes curiosos, mi madre me contó que allí nacían los mejores comerciantes, los que regateaban en todo, también de allí surgían todos los soldados que combatían a los innumerables monstruos que habitaban nuestro mundo, pero ningún edificio me gustó tanto como su gran palacio, con una alfombra roja que daba a entender a todo visitante el poder de aquella región. A medida que pasaban los años a mis padres les hacía menos gracia tener que trasladarse de ciudad en ciudad haciendo los encargos que el negocio requería, por lo tanto cuando alcancé mi mayoría de edad asumí esa parte del negocio, yo era el encargado de transportar las mercancías, mi padre me advirtió de la importancia y la responsabilidad que adquiría, pero nada me hizo cambiar de opinión, quería sentirme útil. Una buena mañana mi madre me adjudicó una mercancía que debía transportar hasta Bichon, sin dudarlo dispuse el carruaje para el largo camino que me quedaba, preparé el alimento y partí hacia mi destino, ya por el camino me descubrí sonriendo mientras imaginaba en como sería vivir en Bichon, no era la primera vez que pensaba en ello, pero mis padres pretendían disuadirme, sabían lo que quería hacer en Bichon, quería convertirme en un guerrero y combatir a las criaturas que atormentaban nuestro mundo. De repente un ruido me puso alerta, y me sacó de mi ensimismamiento. En medio del camino aparecieron tres criaturas que no pretendían dejarme pasar por las buenas, pensé que ese era el momento de comprobar si servía para combatir el mal. Saqué del carruaje un palo con forma de espada, que había estado preparando cuidadosamente, y me dispuse a aniquilar a mis enemigos, recuerdo como blandía mi “espada”, como apretaba la empuñadura con tanta fuerza que no dejaba llegar la sangre a mis dedos. Tenía mucha rabia acumulada, no por algún daño sufrido, únicamente por el hecho de que aquellos bichos retrasaban mi llegada a Bichon. De un salto llegué hasta ellos, y sin saber como, les propiné un golpe certero con el que dos de ellos cayeron al suelo, pero aún quedaba uno, una especie de espantapájaros que se acercaba hacia mi alzando sus brazos, decidí ponerle final al combate, cortando de un golpe la cabeza de la criatura. Tenía un raro sentimiento, entre felicidad y duda, felicidad porque me había demostrado a mi mismo lo que era capaz de hacer, y duda por que me había gustado matar. Sin pensarlo y sin hacer caso a mis sentimientos decidí ponerme en marcha hacia mi destino.
Cuando llegué a las murallas de Bichon un escalofrio recorrió mi cuerpo, había llegado, estaba allí, era mi oportunidad para tomar la decisión que sin saberlo ya me había sido impuesta. Crucé el puente Sur-Oeste pasando por al lado de los Guardias, los cuales parecían no inmutarse por nada. Cuando llegué al centro de la plaza busqué mi alojamiento, iba a quedarme cuatro días en Bichon, y cuatro días me bastaban para ponerle otro rumbo a mi vida. Estaba paseando por la gran calle central mientras pensaba en como dirigirme al Consejo de los Valientes, dicho consejo lo formaban unas personas muy respetadas en todo el mundo, un mago, un guerrero y un taoista, que decidían tras analizar a los aspirantes a soldados, la raza que llevaban dentro. Cuando me presenté en el gran recinto de los Valientes y crucé la gran puerta que accedía a la sala del consejo, creí estar soñando. Estaba allí, y tenía ante mí a las tres personas que decidirían mi futuro.
-Hola joven-, dijo el respetable mago dirigiéndose a mi, - quieres que descubramos la raza que llevas dentro no?, bueno para empezar tendrás que luchar contra otros dos luchadores que vienen buscando al igual que tu, su destino.-
Cuando acabó de hablar, pensé en si sería verdad que debía luchar contra otros humanos, no quería luchar contra humanos, pero si para descubrir mi destino debía hacerlo, no dudaría.
De repente a ambos lados de la estancia se abrieron dos grandes puertas, y de ella salieron dos jóvenes, no tuve tiempo de pensar en lo que debía hacer, porque cuando me dí cuenta estaba peleando contra ellos dos, cuerpo a cuerpo, con un hábil movimiento me desplacé a la derecha de uno de mis oponentes y le asesté un golpe en la nuca que lo dejó inherte en el suelo, el otro sin inmutarse siguió con el combate, yo pensé en lo insensato que debía de ser mi segundo oponente al querer continuar, pero el pensamiento voló rápido cuando mi futura víctima lanzó su espada en dirección a mi estomago, un lanzamiento que yo esquivé y de un gran salto caí sobre mi presa con la espada por delante, hundiéndola en su brazo izquierdo. Me levanté y descargué mi rabia con un grito que hizo levantarse a los tres miembros del Consejo de los Valientes. Caí arrodillado ante ellos, cabizbajo. Los tres salieron de la estancia en la que habían transcurrido los hechos. Yo me quedé allí, sin pensar en nada, no supe cuanto tiempo había pasado desde que los tres jueces se habían marchado hasta que volvieron a aparecer.
No era nuestra intención que liquidases a tus oponentes, simplemente queríamos saber quien de los 3 tenía más ganas de saber su destino..- dijo el poderoso guerrero.- Recuerda que no hemos sido nosotros los que te hemos obligado a matar, puede que tu mente te haya traicionado, no lo sabemos, pero lo que si sabemos es que llevas el arte de la lucha cuerpo a cuerpo en la sangre. Dicho esto, te has proclamado guerrero, así que te haré entrega de tu poder!!!!.-
Dicho ésto el guerrero hizo aparecer en su mano una esfera envuelta en llamas, que flotaba en el aire, y con un poderoso lanzamiento la esfera misteriosa llegó hasta mi, produciendo un efecto que jamás olvidaré, fue tal el sentimiento que no pude evitar sonreír, sentí como mi cuerpo se impregnaba del poder del guerrero, y hasta cambió mi vestimenta, llevaba puesta una armadura de color rojo, con un hacha enganchada a un cinturón de hierro, éste llevaba en diferentes compartimentos unas especies de diminutas botellas azules y rojas, que deducí que serían las pociones que sirven para curar la vida.
Sin decirles nada salí del recinto, no sabía por qué había matado a esos dos chicos, solamente supe que no me arrepentía, había conseguido lo que quería, convertirme en un soldado del ejército de los Valientes. Pasaron tres días más antes de que decidiese marcharme y volver a Skeleton, fueron tres días en los que conocí muchos guerreros que contaban gestas formidables, me enseñaron alguna que otra habilidad con la que derrotar antes a mis oponentes, y yo les prometí que volvería muy pronto para reunirme con ellos, en especial conocí a un joven mago con el que entablé una fuerte relación de amistad, incluso decidimos que me acompañaría en mi regreso a mi pueblo. Cuando salí de las enormes fortalezas acompañado de Shamas, mi amigo, no pude evitar que una la lágrima apareciera en mi rostro. En el transcurso del camino a mi poblado nos encontramos varios Scarecrows, HockingCats y Yobs, que destruimos con cierta facilidad. Una vez estuvimos en mi casa, le presenté a mi familia a Shamas.
Hasta 3 años más tarde todo fue rutina. Shamas había decidido quedarse en Skeleton, y juntos habíamos ganado mucha experiencia en el combate, yo ya tenía 21 años, y había conseguido bastante equipo con el que ganaba fuerza, al igual que Shamas. Ya eran muchos los Minotauros que habían caído a nuestros pies. Un buen día, los dos recibímos una carta, nos sorprendió ver que nos la enviaban desde Bichon, concretamente se dirigía a nosotros el Consejo de Valientes, solicitando nuestra presencia inmediata en la ciudad de Bichon, no dudamos en ningún momento que teníamos que marcharnos en ese mismo instante, no era normal que el Consejo de Valientes se dirigiese personalmente a su ejército. Shamas se despidió de mi familia, en especial de mi hermana Rosa con la que había entablado una relación más que de amistad, de amor. Decidimos que sería demasiado lento viajar en carruaje, así que preparámos a nuestros cuidados corceles castaños y salímos sin demora camino de Bichon. El azár quiso que por alguna extraña razón nos encontrásemos a una bella taoista por el camino, la cuál nos dijo que ella también recibió la carta y se dirigía hacia Bichon, así que decidimos ir juntos, tres eran mejor que uno en caso de peligro. Bueno y así nos juntamos tres personas forjadas en el arte de la lucha, de diferente raza, pero con un mismo destino.
Cuando llegámos a las puertas de Bichon, observamos que no cabía un alma en la calle central, por lo tanto, el gobierno de la ciudad decidió instalar un atril desde el que los tres miembros del Consejo hablarían, no faltaba nadie allí, todo eran voces que se preguntaban porque les habrían mandado venir, muchos especulaban que sería por las elecciones del nuevo Consejo, otros por que querrían felicitarles por el trabajo realizado, pero ninguno se acercaba ni un milímetro a la realidad de lo que estaba sucediendo. Cuando los tres poderosos guerreros aparecieron en el atril, la muchedumbre calló enseguida, el mago, el más sabio de los tres comenzó a hablar.
Quiero agradeceros a todos que hayáis venido hasta aquí-, dicho ésto la gente comenzó a aplaudir contenta y se oyéron varios silbidos, pero el mago alzando la mano hizo callar a todos.- Por favor no os hemos reunido para celebrar nada, la razón por la que os hemos llamado no debe celebrarse jamás. No voy a andarme por las ramas, os lo diré claro. Demon, dios del mal, que reina en el abismo, ha vuelto, ha renacido de sus cenizas y por lo tanto ha conseguido abrir una grieta en el muro que separa nuestros mundos, de él se han escapado numerosos y temibles Dioses del abismo que están al servicio del segundo de Demon, EvilMir, dicho ésto quiero comunicaros a todos que el mundo deja de estar en paz, ahora hay enemigos que combatir en todas partes, la vida ya jamás va a ser apacible, los rivales que teníais antes han incrementado su fuerza y su valor debido a que sus jefes han resurgido. El mundo está en guerra.-.
La gente estaba alborotada, empezaron a correr de un lado para otro recogiendo sus armaduras, reparando su equipo, yo simplemente junto a mis dos compañeros me dirigí al Consejo en busca de respuestas, en busca de instrucciones, no sabía lo que debía hacer, ¿debía huir o debía enfrentarme a dichos rivales?. Cuando llegué a los pies del mago, éste me miró, y me dijo:
Te recuerdo, tu eres el joven que elegimos aun habiendo matado a tus oponentes.- dijo el mago,- Sé cuál es tu pregunta, y ya te digo que a todos os elegimos por algo, os elegimos porque sois dignos de llevar el distintivo de guerreros, y podéis combatir contra cualquiera que amenace a la humanidad..- antes de acabar la frase, un rayo cayo sobre el mago dejándolo en el suelo, muerto. La gente gritaba, huía despavorida lejos de aquel temible monstruo que apareció en la ciudad de Bichon.
Es el WoomaTaurus!!!!- gritó el guerrero del Consejo de Valientes. Cuando dijo ésto sacó su formidable arma, también el taoista se preparó para el combate, y lo primero que hizo fue echarle un veneno que no permitía al enorme bicho recuperarse de los golpes recibidos por el gran guerrero, todos comprendimos que debíamos ayudarles, por lo tanto comenzamos a combatir todos a aquel rival tan enorme y cruel, que arrasaba todo lo que veía a su paso. Al cabo de veinte minutos luchando desesperadamente por nuestras vidas el monstruo cayó, y cual fue nuestra sorpresa que a su lado cayó uno de sus cuernos partido por la mitad, en seguida un mago muy poderoso se dirigió hacia el cuerno cogiéndolo y guardándolo en su mochila, segundos después ya había desaparecido con algunas personas más. Todos nos preguntábamos para que servía aquel cuerno, y el taoista del Consejo de Valientes nos dijo que se usaba para la creación de clanes, y nos advirtió que no rindiésemos nuestra mente a la codicia y a la ambición, dicho ésto todos nos marchamos de Bichon sin un rumbo seguro. Yo decidí irme a Skeleton, y mis dos amigos me acompañaron.
Pasáron varios años, y los tres cambiámos nuestros rumbos, los guerreros se habían vuelto malvados, y combatían contra otros guerreros por ver quién era mejor, para robar, para matar, y lo peor de todo era que nadie podía impedirlo. El mago que cogió el “drop” del primer WoomaTaurus que apareció en el mundo mir había creado un clan llamado UnderWorld, era el mejor clan, al que seguían de cerca otros clanes que al final desistieron en la lucha por alcanzarles. Hubieron guerras, conflictos, que cambiaron el rumbo de la vida de todos nosotros. Pero en el fondo creo que existe alguna razón por la que seguir luchando, confío en poder rescatar al mundo de la esclavitud del Abismo, pero.. ¿que se le va a hacer? Un solo guerrero no puede cambiar un mundo entero el sólo, pero..¿ puede hacer justicia?.
Ahora me encuentro tirado en el suelo, debido a una fulminante FireBang procedente de Shamas, sí, el que fue mi amigo.. mi hermano.. y al que el mundo a corrompido hasta el echo de llegar a atacarme solamente por robarme.. ¿que debo hacer?, soy más fuerte que él, podría matarle.. pero no me sentiría bien.
Me levanto del suelo, y con una ShoulderDash llegó hasta Shamas, el cuál se queda sin huevo protector. Él sabe que si cae en el combate y queda vivo, será su líder quien acabe con él, así que intenta desesperadamente trasladarse a otro rincón de la estancia con GeoManipulation, pero yo sé que no lo va a conseguir, pues nunca puso verdadero empeño en subir sus magias. Con mi poderoso brazo alzo mi arma, y acto seguido la hundo en el estómago de Shamas, que se queda inmóvil junto a mi, con mi arma aún en su vientre. Aún no a muerto, y no quiero hacerle sufrir, pues a sido mi amigo, y la codicia se apoderó de su mente, así que giro con fuerza mi arma hacia la derecha y alzo con todas mis fuerzas el cuerpo de Shamas lanzandolo contra una de las paredes de la estancia, Shamas cae fulminado, y yo arrodillado ante el cuerpo de mi esposa, Laila, la taoista que conocimos en el camino hacia Bichon. Shamas la mató, y yo vengué su muerte.., ¿o no?. Ahora me he quedado solo, y todo ¿porque?, por la estúpida guerra que se ha creado entre diversos clanes, por la rivalidad entre los guerreros del Mir, por el mal uso de nuestra privilegiada fuerza. Entre todos podríamos conseguir todo lo que quisiéramos, pero el egoísmo a hecho mella en nuestro mundo. Y mientras ésto siga así,
Yo Me Tomaré La Justicia Por Mi Mano.
Moraleja: La avaricia y el ansia de poder nos terminará matando a todos. Tengamos más humildad, y unámonos.
Última edición por WizerMan el 25 Jul 2008 15:44; editado 1 vez
HispaRed Legend Of Mir III v. 4.7!!
Fantásticos y revolucionarios nuevos equipos.


















































